Los sistemas de cristalización
En este artículo hablaremos de los siete sistemas cristalinos que existen en el reino mineral y de qué manera los podemos relacionar con las 7 dimensiones que se encuentran dentro del Rombo
Todo tiene cabida dentro del Rombo. Está diseñado, entre otras cosas, para albergar a las infinitas maneras de ordenar razonadamente organismos, objetos o sistemas. En las siguientes líneas vamos a hablar acerca de la posibilidad de trabajar con un sistema de clasificación romboidal basado en la armonía de los cuerpos tridimensionales cristalinos.
A la hora de buscar figuras tridimensionales podemos pensar que éstas son infinitas, y ciertamente lo son, pero tenemos la posibilidad de acotar el terreno de búsqueda y centrarnos en la clasificación de los modelos tridimensionales cristalizados que se encuentran en el reino mineral.
Estos cuerpos son unas manifestaciones cristalinas espontáneas que se rigen por leyes fisicoquímicas y que están relacionadas con la estructura íntima de la materia prima del mineral. Es decir, un átomo o un grupo de átomos que forman una molécula prefieren cristalizar de un modo o de otro. Su naturaleza les invita a adoptar una forma determinada, o lo que es lo mismo, a adquirir una vibración concreta que las sitúa en un sistema ordenado específico, o en el lenguaje del Rombo, en una dimensión o en otra.
Este razonamiento clasificatorio está basado en el hecho de que cada forma tiene una radiación y cada radiación está vinculada a una forma. Dentro del Rombo esta equivalencia entre forma y radiación se puede observar en las relaciones simétricas que se dan entre la 7ª y la 1ª D, la 6ª y la 2ª D y la 5ª y 3ª D.

La relación entre la forma y su radiación
Las formas cristalinas de los minerales se forman en la naturaleza porque los átomos, iones o moléculas buscan en su unión el estado de máxima estabilidad y menor energía posible, el cual se consigue organizándose en un patrón tridimensional repetitivo y ordenado.
Existen diferentes sistemas de cristalización porque el tamaño de las partículas, el tipo de enlace químico y las condiciones ambientales (como la presión y la temperatura) determinan la forma geométrica más eficiente para unir a esos átomos sin dejar espacios vacíos.
Cuando por ejemplo un líquido se enfría (como el magma) o una solución se evapora (como el agua de mar salada) las partículas pierden movilidad. Entonces por atracción química, se van uniendo en una estructura geométrica llamada red cristalina. Los principales motivos de su formación son:
1) La minimización de la energía, ya que el orden perfecto reduce las fuerzas de repulsión entre átomos y maximiza las de atracción.
2) El tiempo y el espacio, puesto que si el proceso es lento y hay espacio suficiente las partículas tienen tiempo de acomodarse en su posición ideal creando cristales grandes y visibles. Si es demasiado rápido, la cristalización puede no tener lugar y en ese caso se forma un vidrio amorfo. El Tiempo es básico para cualquier sistema de cristalización, y esto no nos sorprende, pues sabemos que cada dimensión dentro del Rombo tiene asociado un tipo de Tiempo determinado.
El Rombo, entre otras muchas cosas, puede ser considerado como un sistema de ordenación. Como sabemos desde el inicio, todo tiene cabida dentro de él y cualquier familia de objetos, puede clasificarse y ordenarse en su interior según sus cualidades intrínsecas y los criterios que se utilicen para la clasificación. Y los distintos sistemas de cristalización, como no, están sujetos a esta posibilidad clasificatoria, por lo que tenemos la capacidad de ordenar a estos cuerpos según las características geométricas de sus respectivos sistemas de cristalización.
Desde hace mucho tiempo sabemos que el karma en los seres del reino vegetal y animal se asienta en el código genético. Pero los minerales no tienen código genético y en ellos… (transcribo el texto del libro del Rombo María Rosa III)
“El karma del reino mineral está escrito en su estructura de formación, en las formas cristalizadas. En el reino mineral todo se estructura mediante formas geométricas. Cuanto más evolucionado es un mineral, más complejas y armónicas son sus estructuras”.
Esta llave conceptual que es una premisa básica y primordial para la clasificación de los elementos primarios puede ser trasladada al mundo de la cristalografía y tendremos entonces la posibilidad de clasificar a los diversos sistemas cristalinos bajo una perspectiva romboidal.
Como es obvio, lo primero que hemos de hacer para hallar una lógica en un sistema de ordenación es determinar de entre los 7 sistemas de cristalización que existen, cuáles son los más sencillos y cuáles son los más complejos y armónicos.
Pero lamentablemente, cuando pasamos del lenguaje abstracto y simbólico del Rombo y cuyas palabras hemos recogido en las anteriores líneas en letra cursiva, y nos aproximamos al lenguaje cristalográfico nos aparece una dificultad en la traducción de conceptos porque estamos enfrente de una posible barrera conceptual.
En cristalografía la armonía y la complejidad no van juntas de la mano. Estas palabras en el concepto metafísico y evolutivo del Rombo y en el de la cristalografía no tienen el mismo sentido. En cristalografía estas dos palabras tienen un sentido antagónico, pero en el lenguaje del Rombo estas dos expresiones son complementarias y se pueden unir para describir una situación más rica, ordenada y evolucionada.
En la anterior cita en cursiva, la idea básica que se trataba de transmitir era que las formas minerales poco evolucionadas tenían criterios cristalográficos muy simples y que, en cambio, las formas minerales más desarrolladas, evolucionadas y con un karma más armónico y bello disponían de unos criterios estructurales y geométricos más armónicos, con simetrías más elaboradas, ricas y refinadas.
En el mundo de la cristalografía, la "armonía" se traduce directamente como alta simetría (formas equilibradas y repetitivas) mientras que la "complejidad" matemática y estructural surge cuando esa simetría se rompe, obligando al cristal a crecer con ejes y ángulos totalmente desiguales.
Es decir que un sistema de cristalización básicamente puede ser armónico o complejo, pero no las dos cosas a la vez pues son criterios antagónicos.
Para entender con precisión por qué los siete sistemas cristalinos se ordenan de esa manera bajo el criterio de la armonía científica, debemos fijarnos en las matemáticas de su estructura interna. En cristalografía, la armonía no es una cuestión estética; ella se mide por la cantidad de operaciones geométricas de simetría (giros, reflexiones en espejos e inversiones) que el cristal puede soportar dejando su aspecto exactamente igual.
A mayor cantidad de elementos de simetría y mayor igualdad en sus ejes, el sistema es más armónico. A menor simetría y mayor desigualdad de ejes, el sistema es más complejo y caótico.
La justificación técnica de este orden está basada en tres pilares: el eje principal de rotación, la igualdad de sus lados (ejes) y el número total de simetrías.
En las siguientes líneas seguiremos los criterios básicos de la cristalografía y en base a ello intentaremos clasificar a los diferentes sistemas. Para ordenar a los 7 sistemas cristalinos según su grado de simetría (de menor a mayor simetría), los cristalógrafos evalúan sus diferentes valores de simetría. Estos elementos incluyen los ejes de rotación (cuántas veces se repite la misma imagen al girar el cristal 360º, los planos de simetría (efecto espejo) y el centro de inversión.
Además, el factor determinante para clasificar un mineral en un sistema u otro es la presencia de ciertos ejes de rotación mínimos u obligatorios.
Siguiendo el parámetro creciente de la armonía, el orden de clasificación de los siete sistemas cristalinos va desde el más el más complejo y disarmónico (Triclínico) hasta el más armónico (Cúbico). El orden quedaría entonces establecido de esta manera:
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1 |
TRICLÍNICO |
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2 |
MONOCLÍNICO |
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3 |
RÓMBICO |
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4 |
TRIGONAL O ROMBOÉDRICO |
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5 |
TETRAGONAL |
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6 |
HEXAGONAL |
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7 |
CÚBICO |
Y ahora basándonos en el criterio cristalográfico de la armonía, vamos a presentar a los diferentes sistemas de cristalización e introducirlos dentro del esquema del Rombo. Para ello vamos a relacionarlos con los colores del Rombo que simbolizan a las dimensiones y que van desde la 1ª Dimensión hasta la 7ª Dimensión. Empezaremos con el sistema más complejo y menos armónico de todos: el sistema triclínico y llegaremos hasta el más armónico de todos: el sistema cúbico.
Sistema Triclínico

Parámetros: Los tres ejes son desiguales (a ≠ b ≠ c) y todos los ángulos son diferentes y distintos de 90° (α ≠ β ≠ γ ≠ 90°).
Carece casi por completo de simetría (solo tiene un centro de inversión). Sus cristales crecen de forma totalmente asimétrica e inclinada.
Es el sistema más caótico geométricamente. Es el sistema matemáticamente más complejo debido a su total falta de restricciones.
2. Sistema Monoclínico

Parámetros: Tres ejes desiguales (a ≠ b ≠ c). Dos ángulos son rectos (90°) y el tercero es diferente (α = γ = 90°, β ≠ 90°).
Rompe la armonía angular al inclinar uno de sus ejes, lo que reduce drásticamente sus planos de simetría.
Al inclinarse la celda en una dirección, se pierden los 90ºde uno de sus ángulos, destruyendo casi todos los ejes y planos de simetría.
Elemento característico obligatorio: solo posee 1 eje de rotación de orden 2 (o un único plano de simetría perpendicular a él).
Se sitúa al borde del caos geométrico porque, además de tener todos los lados desiguales, pierde los 90º de un eje. Uno de sus ángulos se inclina y deja de medir 90º. Al torcerse el cristal, los planos de simetría se destruyen casi por completo. Solo le queda un único eje binario de rotación y un plano espejo, sumando apenas 4 elementos de simetría.
3. Sistema Rómbico

Sus tres ejes siguen siendo desiguales (a ≠ b ≠ c), pero todos sus ángulos vuelven a ser rectos (α = β = γ = 90°).
Aunque sus dimensiones son asimétricas (como una caja de zapatos), recupera la armonía de los ángulos rectos elementales.
Aquí la armonía sufre una caída drástica. Ya no existen ejes de simetría de alta rotación (ni de 6, ni de 4, ni de 3 pliegues). Solo posee ejes binarios (de 2 pliegues, la imagen se repite únicamente 2 veces por vuelta). Su único anclaje a la armonía es que sus tres ángulos siguen siendo rectos otorgándole un máximo de 8 elementos de simetría.
4. Sistema Trigonal o Romboédrico

Parámetros: Sus tres ejes son iguales (a = b = c), pero sus tres ángulos son iguales entre sí, pero diferentes de 90° (α = β = γ ≠ 90°).
Posee una armonía de rotación triple.
Elemento característico obligatorio: Posee 1 eje de rotación de orden 3 (la estructura se repite 3 veces al dar una vuelta).
Al tener sus tres longitudes de aristas diferentes (como una caja de zapatos), la simetría se restringe notablemente. Ya no quedan ejes de orden superior (ni de 3, ni de 4, ni de 6).
Su sello característico es un único eje ternario (de 3 pliegues), repitiéndose 3 veces por vuelta. Su ventaja frente a los sistemas inferiores es que sus tres ejes espaciales todavía miden exactamente lo mismo. Sin embargo, sus ángulos ya no son de (90º (están deformados), lo que reduce sus elementos de simetría máximos a 12.
5. Sistema Tetragonal

Parámetros: Dos ejes son iguales y uno es diferente (a = b ≠ c). Todos sus ángulos son de 90° (α = β = γ = 90°).
Introduce una armonía dimensional al hacer que dos de sus tres ejes midan exactamente lo mismo (actúa como un cubo estirado o achatado).
Mantiene una simetría prismática de cuatro lados. Es muy parecido al cúbico, pero al tener el eje vertical modificado, pierde los ejes diagonales característicos del cubo.
Elemento característico obligatorio: Posee 1 eje de rotación de orden 4 (la estructura se repite 4 veces al dar una vuelta).
Su eje principal es cuaternario (de 4 pliegues), por lo que repite su imagen 4 veces por vuelta (cada 90º). Queda por debajo del sistema hexagonal porque sus operaciones de simetría caen a un máximo de 16. Mantiene los tres ángulos rectos y dos de sus lados iguales, lo que visualmente lo hace parecer muy ordenado, pero internamente es menos simétrico que el sistema hexagonal
6. Sistema Hexagonal

Parámetros: Dos ejes horizontales iguales a 120° entre sí, y un eje vertical diferente a 90° de los otros dos (a = b ≠ c con α = β = 90°, γ = 120°).
Tiene una altísima armonía geométrica basada en patrones de simetría senaria (de 6 lados), una de las formas repetitivas más eficientes de la naturaleza.
Presenta una simetría cilíndrica o prismática de seis caras muy alta, aunque menor que el cúbico al tener un eje principal alargado.
Elemento característico obligatorio: Posee 1 eje de rotación de orden 6 (la estructura se repite 6 veces al dar una vuelta completa).
Alberga un eje de simetría senario (de 6 pliegues). Esto significa que, si rotas el cristal una vuelta completa, verás exactamente la misma posición 6 veces. Almacena hasta 24 elementos de simetría. Además, conserva dos ejes iguales en su base, manteniendo un equilibrio geométrico altísimo que recuerda a los panales de abejas.
7. Sistema Cúbico

Parámetros: Máxima igualdad. Todos los ejes son iguales (a = b = c) y todos los ángulos son rectos (α = β = γ = 90°).
Es la cumbre de la armonía cristalina. Sus caras y aristas guardan una proporción perfecta en las tres dimensiones del espacio, ofreciendo el mayor número posible de planos y ejes de simetría idénticos.
Es el sistema más simétrico y ordenado de la naturaleza. Su celda unidad es un cubo perfecto.
Elemento característico obligatorio: Exige la presencia de 4 ejes de rotación de orden 3 (dispuestos a lo largo de las 4 diagonales internas del cubo).
Es el único sistema que posee 4 ejes de simetría ternarios (de 3 pliegues) orientados en las diagonales del cubo, además de múltiples ejes cuaternarios (de 4 pliegues). Soporta hasta 48 combinaciones geométricas de simetría, la cifra más alta de la naturaleza.
LAS DIFERENTES CRISTALIZACIONES DENTRO DE UN MISMO SISTEMA
Estas siete familias de cristalización son básicamente eso: familias. Y cada una de ellas tiene muchos miembros diferentes. Y aunque comparten el mismo apellido, tienen distintos nombres de pila. Es decir, son familiares muy cercanos, están dentro del mismo grupo y tienen las mismas propiedades cristalográficas generales, pero disponen de particularidades estructurales que hacen que se puedan estudiar separadamente.
Cuando estudiemos los diferentes sistemas cristalográficos, veremos que en cada una de las familias se produce una división en dos grupos; los que tienen holoedria y los que no la tienen. En cristalografía, la diferencia principal entre la holoedría y la no holoedría radica en la cantidad de elementos de simetría que posee un cristal en comparación con la simetría máxima teórica de su sistema cristalino. Si tomamos como ejemplo el sistema cúbico, podemos detallar sus diferencias fundamentales:
Holoedría: un cristal holoédrico posee la máxima simetría posible de su sistema cristalino. En el sistema cúbico, la clase holoédrica es la hexaquisoctáedrica (Cuenta con el total de 48 operaciones de simetría (incluyendo planos de reflexión, ejes de rotación e inversión).
No holoedría: Un cristal no holoédrico pertenece a una clase cristalina que tiene menos elementos de simetría que la clase máxima, pero que aun así conserva los ejes geométricos esenciales que definen al sistema. En el sistema cúbico, cualquier clase que no sea la hexaquisoctáedrica (como la clase del tetraedro) es no holoédrica.
Las consecuencias prácticas de todo ello son que, debido a la pérdida de ciertos planos o centros de simetría, los cristales no holoédricos suelen desarrollar formas cristalinas con la mitad de las caras o la cuarta parte de caras que la forma holoédrica equivalente, lo que altera visualmente la forma del mineral. El resultado práctico de todo esto es que cada grupo de cristalización tendrá a su vez dos subgrupos: los que tienen poca armonía y los que tienen más. Los parientes menos armónicos y los más armónicos.
Para ilustrar de una manera esquemática todo lo relativo a estos conceptos vamos a utilizar las imágenes que aparecen en el curso de cristalografía de
Gonzalo Moreno Díaz-Calderón en el que comenta que el estudio sistemático de la simetría de los cristales conduce a 32 posibles combinaciones de elementos de simetría (ejes, planos y centro de simetría), conocidas como las 32 clases de simetría, que se agrupan en 7 sistemas cristalinos. Cada sistema cristalino se caracteriza por sus parámetros de celdilla unidad y por su simetría.
Hecha esta pequeña introducción empezaremos a presentar a las diferentes familias de los siete sistemas de cristalización. La primera de ellas es la que tiene menos ejes de simetría y que por ello es la menos armónica y la más compleja.
Se trata del sistema triclínico:

Después de esta familia de cristalización, tenemos el sistema monoclínico.

La siguiente familia forma el sistema Rómbico.

Después de ella, viene el sistema Trigonal o Romboédrico.

Y a continuación, nos aparece el sistema Tetragonal.

Y ahora le toca el turno al sistema hexagonal:

Y ahora debe aparecer el último de los sistemas: el cúbico

CONCLUSIONES
La cristalografía es la ciencia experimental que estudia la disposición y el orden de los átomos en los sólidos con la finalidad de entender cómo se forman los cristales y qué leyes rigen su estructura interna. En esta disciplina se ha determinado que existen 7 sistemas de cristalización que se pueden ordenar con el criterio de menor a mayor simetría.
Desde un punto de vista metafísico este orden creciente de armonía en los diferentes sistemas cristalinos corresponde a un estado evolutivo distinto para cada familia. Y en esto consiste básicamente la base lógica del sistema clasificatorio del Rombo, que en su disposición heptadimensional es capaz de englobar a estos 7 diferentes sistemas cristalinos y relacionarlos con los 7 niveles de vibración que llamamos dimensiones.
De tal manera que, si queremos activar con minerales cristalizados una 7ª Dimensión en una planta, en un ser humano o en una casa, deberíamos buscar una estructura mineral que por resonancia vibre en esa frecuencia y libere allí todo su potencial energético. Si se quiere obtener un efecto deseado, este mineral se debería colocar en el sitio más exacto posible para que desde allí se expanda energéticamente y cree una onda de forma tridimensional que incida en la dimensión que le es afín.
En el siguiente ejemplo, deseamos potenciar la 3ª Dimensión de una casa y para ello buscamos con algún sistema radiestésico (el pulso o el péndulo) un punto donde la información de la localización sea clara y a ese punto le llamaremos (A). Desde esa zona y a través de las ondas de forma del propio mineral se podrá realizar la activación de toda la 3ª Dimensión. En este caso utilizaremos un mineral del sistema rómbico puesto que es el que hemos determinado que está en resonancia con la 3ª Dimensión.
Y para activar a la 2ª Dimensión buscaremos un punto (B) con un mineral del sistema monoclínico.
Esta operación de estimulación dimensional puede tener lugar en una o varias dimensiones, según la necesidad que se perciba en la casa en cuestión.

Activación de las dimensiones con minerales en las zonas de influencia de las dimensiones del Rombo en la casa
En base a los conceptos elementales que hemos expuesto para clasificar a las familias de cristalización podemos representar en el siguiente dibujo a los 7 sistemas cristalinos con un mineral representante de cada familia.

Dentro del Rombo, tenemos la posibilidad de considerar a cada mineral con su forma cristalizada como un objeto en el que, por decirlo de alguna forma, el Rayo está también cristalizado, materializado y atrapado, radiando continuamente desde su interior. El mineral se transforma entonces en un objeto radiante con características propias que vienen determinadas por su estructura atómica y el sistema de cristalización que adopta para su estabilidad.

Los siete minerales dentro del Rombo
Como sabemos, cada forma física tiene su Rayo o sus Rayos asociados y con las formas cristalinas sucede lo mismo. Los Rayos buscan a la materia y cada uno de ellos se siente atraído por una forma y una composición atómica en concreto.
Para poner un poco de lógica romboidal en esta cuestión cristalográfica debemos centrarnos en los conceptos básicos del Rombo y sus dimensiones. Podemos recurrir al esquema tradicional para poder recordar qué sucedía en la 6ª y 2ª Dimensión.

Características de las diferentes dimensiones del Rombo
En este esquema tenemos un dato muy importante: la geometría con sus matemáticas, los números y la luz blanca están en la 6ª Dimensión y desde allí esa geometría etérica y luminosa se proyecta al mundo denso de la 2ª Dimensión, a ese mundo material atómico y molecular donde se forman las estructuras materiales, primordiales y microscópicas, las celdillas de cristalización que al agregarse una tras otra generan una estructura mineral tridimensional observable y palpable.

Celdilla unitaria y su crecimiento
Y hemos de partir de un dato que no se nos puede pasar por alto: la forma geométrica de la cristalización originada en la 6ª Dimensión cohabita con el 2º Rayo que es el que vive allí, cuyas características son:
Rayo del color, del movimiento, de la forma pura del arquetipo. Vivifica y da fuerza a las estructuras atómicas y moleculares
Es decir que cada uno de los sistemas de cristalización tiene la fuerza de un arquetipo diferente. ¿Y qué es un arquetipo? En filosofía, Platón empleó el término arquetipo para referirse a las formas perfectas, entidades abstractas que existen en el plano inteligible y que sirven de modelo para todo lo que percibimos en el mundo físico. En este sentido, cristalográficamente hablando, podemos decir que existen 7 arquetipos principales y cada uno de ellos representa una característica primaria y única. Hay 7 arquetipos cristalográficos asociados a las 7 Dimensiones y a sus Rayos correspondientes.
Un mineral cristalizado es algo más que una forma geométrica pura. Tiene, además de geometría, color y esa característica cromática le viene dada por otro Rayo, en concreto por el 3º Rayo que vive en la 5ª Dimensión, allí donde está la formación de colores, sonidos, características que se observarán en la 3ª Dimensión, allí donde están los reinos de la naturaleza como el reino mineral.
Es decir, que un mineral cristalizado tendrá un 2º Rayo que le dará la Forma pura y un 3º Rayo que le dará el Color. Estamos de acuerdo en que también tendrá la información de todos los otros Rayos, sin duda, pues todo tiene los 7 Rayos en menor o mayor proporción, pero habrá dos Rayos como mínimo que serán muy notables.
Según los esquemas que manejamos, existen 7 variables principales para la Forma y otras 7 para el Color. El valor de la Forma (2º Rayo) vendrá dado por su sistema de cristalización y el valor del Color (3º Rayo) por la tonalidad que presenta el material.

Apatito. Sistema hexagonal. Color verde
El Apatito, por ejemplo, si consideramos su Forma cristalina estaría vinculado con el 2º Rayo (sistema hexagonal) y por su Color al 4ª Rayo (4ª D). Si consideramos que la Forma es anterior al Color, (de la misma manera que la 6ªD es anterior a la 5ªD) podríamos pensar que su naturaleza más íntima, profunda y poderosa es del 2º Rayo y que su presentación más externa y superficial corresponde al 4º Rayo.
Para poder manejarnos mejor en estos conceptos, debemos pensar que dentro del 2º Rayo y del 3º Rayo existen los subrayos. Esto nos ayudará a comprender a que subrayo dentro del 2º Rayo se encuentra un sistema de cristalización o a qué subrayo dentro del 3ª Rayo se encuentra un color determinado.
Recordemos: las 7 familias de cristalización se encuentran dentro de los 7 subrayos del 2º Rayo.
Las 7 familias de colores se encuentran dentro de los 7 subrayos del 3º Rayo.

Subrayos del 2º Rayo y del 3º Rayo
En cualquier caso, en un mineral cristalizado tendríamos dos Rayos presentes de una forma muy clara. El Rayo íntimo que le da la Forma (proveniente de la 6ª D y del 2º Rayo) y el Rayo exterior que le da el Color (proveniente de la 5ªD y el 3º Rayo). Es decir que, con estos conceptos, el Apatito tendría la fuerza del 6º Rayo por la Forma y del 4º Rayo por el Color.
Habría dos fuerzas de Rayo que existirían simultáneamente y serían diferentes a las de otro mineral que cristalizando también en el sistema hexagonal se presentara con una tonalidad rojiza, como el Berilio, por ejemplo. En este caso, tendría el 6º Rayo por la Forma y el 7º Rayo por Color.
El Color y la Forma del mineral son las características principales que hacen vibrar a un mineral cristalizado en unas determinadas frecuencias. La Forma es lo que realmente es y la onda de forma que emite. El Color es como se expresa y la frecuencia lumínica y vibratoria que emite. Cada mineral tendrá pues como mínimo estas dos cualidades bien diferenciadas: Forma y Color.

Berilio. Sistema hexagonal. Color rojo
Es decir, si queremos clasificar a un grupo de cristales según su Color, tendremos un sistema organizativo concreto dentro del Rombo, pero si lo hacemos por la Forma, obtendremos otro. Es una obviedad, pero hace falta recordarlo: la Forma no tiene color y el Color no tiene forma.
Si clasificamos a los minerales por la Forma, lo haremos según su 2º Rayo. Si la clasificación se hace por el Color, clasificaremos a los minerales en base a la fuerza del 3º Rayo.
La realidad será que la radiación que salga de un mineral tendrá dos valores de Rayo, el proporcionado por la Forma y el otorgado por el Color. Así, el Apatito podría influenciar al mismo tiempo la 6ª Dimensión por el 2ª Rayo (por su Forma) y la 4ª Dimensión por el aspecto del 3ºRayo (por su Color). Su efecto sería doble , aunque si la Forma es anterior que el Color es plausible presuponer que quizá el Rayo más importante sea el que viene dado por su sistema de cristalización, y el Rayo secundario el que llega a través de su color.
El Rombo nos ha permitido hasta este momento poder clasificar a los minerales por la Forma de su cristalización y por su Color. Pero, también podríamos clasificarlos siguiendo muchos otros parámetros, como su belleza visual, la dureza de su material, su transparencia, su piezoelectricidad y cualquier otro parámetro que quisiéramos establecer. En este artículo nos hemos centrado en los dos aspectos más llamativos y fáciles de valorar: su Forma y su Color.
Cuando en su día hablamos del color en los cuerpos decíamos que, si una fruta es roja, por ejemplo, es porque envía hacia el exterior todos los colores que no necesita, el rojo en concreto. Es decir, absorbe los 6 colores del espectro en mayor o menor grado porque los necesita y se desprende de uno, el que le sobra, porque ya lo tiene incorporado en su misma naturaleza.
Si extrapolamos esta idea a los sistema de cristalización, podemos decir que si vemos a la pirita manifestarse en el sistema cúbico es porque es el sistema del
que se desprende porque en su interior ya tiene esta forma geométrica integrada. ¿Qué haría entonces la pirita con los otros 6 sistema de cristalización con los que puede estar en contacto? Pues absorberlos, alimentarse de ellos para evolucionar. Se trata pues de un juego invisible de recoger y dar. Los colores recogen toda la gama cromática y dan lo que son y que ya no necesitan absorber. Las formas cristalinas podrían actuar de la misma manera y recoger todas las geometrías virtuales posibles que se dan en la 6ª Dimensión y entregar la que constituye su naturaleza propia.
Todo el mundo desea lo que no tiene y da lo que es. A las formas cristalinas y los colores les sucede lo mismo.
